Volver a llevar un diario intimo

Publicada en Publicada en Mariana Fiksler

Escribir un diario, algo que siempre estuvo destinado específicamente a la pubertad y un efímero tiempo de adolescencia y que, seguramente, formó parte importante de nuestra propia vida, hoy vuelve en la adultez o en el comienzo de ella y se instala a nuestro lado otra vez; como siempre a modo de aliado; pero con una diferencia:  ahora se presenta como hoy; como varios años después  aunque siempre leal, siempre mudo testigo de nuestros días, y  hoy menos silencioso, más activo en su acompañamiento hacia la resolución de esos conflictos que hoy nos traen de vuelta a nuestro diario.

Hay muchas actividades que pueden ayudarnos a explorar acerca de nosotros, actividades que al profundizar la introspección son fieles colaboradoras de la tarea de escribir-nos, ver-nos, ayudar-nos: técnicas de meditación, terapias corporales, ejercicios gestálticos, taichí, libros de auto ayuda; y existe, además, otra fórmula  sencilla y al alcance de nuestra mano: llevar un diario íntimo.

La gran ventaja de escribir un diario es que profundizamos en nosotros mismos y basta darnos  cuenta de cómo estamos, de lo que nos gusta de nuestra vida  y de lo que no para que los cambios comiencen a producirse. Los cambios de mirada son seguidos por cambios en la realidad cotidiana.

Tal vez creemos saber  qué nos gusta y qué no; pero esto no siempre es tan lineal; puede ocurrir, y de hecho ocurre, que experiencias pasadas, a veces  provenientes de nuestra propia infancia, sigan incidiendo en el presente por no haber sido resueltas, de modo que lo que creemos una elección auténtica, en realidad es producto de algún mandato infantil que aún selecciona por nosotros. Trabajar sobre uno mismo es un comienzo de detección de aquello que no nos permite acceder auténticamente a nuestro deseo; este trabajo nos permitiría llevar nuestras propias riendas, las riendas de nuestras elecciones, hacer que nuestra historia ya no decida por nosotros (creyendo que si lo hacemos).

El  diario tendrá una doble función: por un lado entender mejor nuestro presente y  a nosotros; luego, al releerlo  recordar el pasado, elaborarlo e interrumpir esas repeticiones que  nos condicionan  para seguir evolucionando y creciendo como persona.

Si bien lo fundamental es el encuentro entre la necesidad de expresión y esa hoja en blanco, también es recomendable crear un buen ambiente de tranquilidad y silencio.
El silencio es un gran aliado a la hora de escribir y pensar en uno mismo; aunque este silencio no descarta una música relajante y hasta evocadora de sentimientos.

Hay algunos temas que son más dolorosos que otros, como a la hora de escribir acerca de rupturas amorosas, pérdida de afectos, posesiones, trabajos o  la muerte de alguien querido; otros resultarán más esperanzadores como el comienzo de nuevos proyectos. Ser sinceros  es el modo de saber más de uno y  conduce a la mejoría de nuestra vida. Cuando escribimos lo hacemos en primera persona: decimos  “yo” y eso ya nos  lleva a nosotros mismos, nos instala como protagonistas del diario, responsables de nuestros  sentimientos, sensaciones y experiencias. Es un compromiso auténtico con uno, razón de más para considerar la sinceridad, o tal vez la veracidad como el aspecto fundamental.

A través del  diario íntimo podremos observar nuestra vida sin barreras, prestarle más atención, aprender a mejorarla. Al escribir sobre las emociones que vivimos en un momento determinado estamos favoreciendo la toma de conciencia de nuestras necesidades y deseos. Contactamos con nuestra vida, vemos cómo es y descubrimos tanto aquello que nos gusta como aquello que no; pero no será para ocultar lo desagradable sino para cambiarlo: tapar, negar o evitar las carencias o los miedos sólo  estanca e  impide evolucionar o avanzar hacia una vida mejor.

Fragmento del libro: De cuentos y aliados:”El cuento terapéutico”

Mariana Fiksler. Editorial Desclée

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