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Un poco de historia

Altea; casco antiguo

El origen de Altea

Se cree que el origen de Altea se remonta a la época de la dominación árabe,  en la que fue una alquería fortificada y situada en lo alto de un promontorio.
El nombre Altea viene del griego Altahia, que quiere decir «yo curo», y el río Algar que desemboca en su territorio  significa «río de salud". Y es que salud es lo que parece destilar el pueblo con su luz intensa que hace que el azul parezca más azul en contraste con el blanco de sus casas encaladas y el verde de su huerta, más verde que en otras partes.

La historia de Altea tiene sus orígenes en las muchas civilizaciones que han dejado su herencia e influencia, como las de los íberos, griegos, fenicios, romanos y musulmanes.
Griegos y romanos se dedicaron al comercio e intercambio de productos, estableciendo factorías de salazones a lo largo de la costa que hoy se conoce como la Costa Blanca.
Los árabes se encargaron de mejorar la agricultura y trajeron las artes de pesca más sofisticadas.
Durante la última fase del dominio musulmán, Altea perteneció a la taifa de Denia
Fue conquistada en 1244 por Jaime I de Aragón y aparece en un documento firmado entre Jaime I y Alfonso X de Castilla como una de las poblaciones adjudicadas a la Corona de Aragón. Obtuvo la carta puebla en 1279.

 

Refundación de la Villa de Altea

Durante el siglo XVI el territorio próximo a la desembocadura del río Algar se despobló hasta que en 1617 se refunda la Villa de Altea sobre el promontorio que ocupa actualmente.
La población fue colonizando poco a poco todos los rincones del término, creando además del núcleo principal pequeñas agrupaciones de casas rodeadas de huertas y bancales, que popularmente se denomina partidas. Con la expulsión de los moriscos en 1.609 y las correrías y asaltos de piratas, Altea pasó una época de decadencia económica y descenso acusado de la población.

Aquí podrás encontar un interesante documento sobre la repoblación de Altea.

 

La familia Palafox

PalafoxA lo largo del siglo XVIII la localidad perteneció a la familia Palafox, como consta en un manuscrito de 1638:

"Archivo del Duque del Infantado. Marquesado de Ariza, leg. 34. Méritos, Prebilegios y Sucesos de la Casa de Ariza. Al Marqués de Hariza, Señor de las Varonías de Calpe y Altea y de las villas de Calmarza y Cotes. Don Juan de Palafox, su hermano, del Consejo de Su Magestad en el Real de las Indias"

También en este siglo su castillo fue destruido y en su lugar se edificó la nueva parroquia , inaugurada en el año 1910 .

 

 La Villa de Altea

 En 1705, durante la guerra de Sucesión, desembarcó en la bahía de Altea la escuadra angloholandesa que apoyaba al Archiduque Carlos de Austria. Fue el propio Archiduque quien le concedió el título de Villa. Las tropas paraban en la bahía para abastecerse del agua dulce del río Algar en su camino hacia Gibraltar. A partir de aquí, durante todo el siglo XVIII, se inicia como medio de vida para los habitantes de la Villa la agricultura tradicional. El siglo XVIII marcó un auge agrícola, que junto con la pesca y el flete de veleros para el comercio y transportes de viajeros, consiguieron que acabara el siglo con 5.000 habitantes.

 

Del túnel del Mascarat al ferrocarril

En 1869 se perfora el túnel del Mascarat para hacer la carretera que uniría Alicante con Valencia a través de Altea. Y en 1889 se aprobó la construcción del Ferrocarril Alicante-Denia.

El "trenet", sustituto de la diligencia en 1914 y el coche de línea, abrieron las puertas de Altea para la llegada de los veraneantes durante la primer mitad del siglo XX.

Durante el siglo XIX la vida oficial y comercial se transladó hacia el núcleo urbano próximo al mar.

En los últimos años del siglo XIX, la expansión del pueblo se desarrolló entre "els quatre cantons" (las cuatro esquinas): calle del Mar y plaza del Convento, abandonando el interior del casco antiguo. Y a partir de entonces, el incremento demográfico se hizo notar, expandiendose hacia construcciones de edificios nuevos en la parte baja de la villa.

De la Altea bohemia de los 70 hasta hoy

En el año 1970 Altea se había convertido en un importante centro artístico y cultural , al que acudían artistas de todo el mundo para organizar encuentros de arte o fijar su residencia en la localidad. Altea se convirtió en lugar de encuentro de pintores, artistas, cantantes , músicos y gente del cine, que contribuyeron a crear el ambiente bohemio, caldo de cultivo de la cultura que siempre está presente en cualquier rincón. Marisol, Gades, Rafael Alberti, Federico Muelas, Jardiel, Francisco, Pepe Sancho o  Sergio D'alma entre otros, se han mezclado alguna vez entre la gente  paseando por las calles empedradas de este pueblo con encanto.

Marisol y Gades

De entre todos los restos históricos que se conservan en Altea, destacan el Castillo y las ruinas del Fort de Bèrnia, construido en 1562. Esta edificación tenía como objetivo la vigilancia sobre la población morisca, que se había sublevado en varias ocasiones.

Altea siempre ha atraído a los vecinos de los pueblos de toda la comarca para hacer sus compras, en especial el mercadillo que se celebra todos los martes, y la Fira anual del Porrat, hoy transformada en Firaltea.

Altea, refugio de artistas, nunca perdió su condición de pueblo marinero. Y  conviven con naturalidad  el ambiente bohemio y el lujo de las urbanizaciones y de los barcos atracados en cualquiera de sus puertos.

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